sábado, 13 de diciembre de 2008

Este adiós, no maquilla un hasta luego,
este nunca no esconde un ojalá,
estas cenizas no juegan con fuego,
esta ciega no mira para atrás,
esta notaria firma lo que escribo,
esta letra no la protestaré, ahórrate el acuse de recibo,
éstas vísperas son las de después,
a este ruído, tan huérfano de padreno voy a permitirle que taladre un corazón, podrido de latir,
este pez ya no muere por tu boca,
esta loca se va con otra loco,
estos ojos no lloran mas por ti.
Esta sala de espera sin esperanza, estas pilas de un timbre que se secó. Este helado de fresa de la venganza, esta empresa de mudanza con los muebles del amor. Esta campana mora en el campanario, esta mitad partida por la mitad, estos besos de Judas, este calvario, este look de presidiaria, esta cura de humildad. Este cambio de acera de tus caderas, estas ganas de nada (menos de ti). Este arrabal sin grillos en primavera, ni espaldas con cremalleras, ni anillos de presumir. Esta casita de muñecas de alterne, este racimo de pétalos de sal, este huracán sin ojos que lo gobierne este jueves, este viernes y el miércoles que vendrá. No abuses de mi inspiración, no acuses a mi corazón tan maltrecho y ajado que está cerrado por derribo. Por las arrugas de mi voz se filtra la desolación de saber que estos son los últimos versos que te escribo, para decir “con Dios” a los dos nos sobran los motivos.