miércoles, 3 de diciembre de 2008
Las palabras fueron avispas y las calles como dunas cuando aun te espero llegar. En un ataúd guardo tu tacto y una corona con tu pelo enmarañado, queriendo encontrar un arcoiris infinito. Mis manos que aún son de hueso y tu vientre sabe a pan, la catedral que es tu cuerpo. Eras verano y mil tormentas y yo el león, que sonríe a las paredes que he vuelto a pintar del mismo color. No sé distinguir entre besos y raíces, no sé distinguir lo complicado de lo simple. Y ahora estás en mi lista de promesas a olvidar, todo arde si le aplicas la chispa adecuada. El fuego que era a veces propio, la ceniza siempre ajena, blanca esperma resbalando por la espina dorsal. Ya somos más viejos y sinceros y que más da si miramos la laguna como llaman a la eternidad de la ausencia. No sé distinguir entre besos y raíces, no sé distinguir lo complicado de lo simple. Y ahora estás en mi lista, de promesas a olvidar, todo arde si le aplicas la chispa adecuada.