
Pobre del que tiene miedo de correr riesgos. Porque ese quizá no se decepciona nunca, ni tenga desilusiones, ni sufra como los que persiguen un sueño, pero al mirar atrás oirás al corazón que te dice:
¿Qué hiciste con los milagros que Dios sembró en tus días?;
Vive,
arriesga,
sueña.