domingo, 1 de marzo de 2009
Hace demasiados meses que mis payasadas no provocan tus ganas de reír. No es que ya no me intereses pero el tiempo de los besos y el sudor es la hora de dormir. Duele verte removiendo la cajita de cenizas que el placer tras de si dejó. Mal y tarde estoy cumpliendo la palabra que te di cuando juré escribirte una canción. Un dios triste y envidioso nos castigó por trepar juntos el árbol y atracarnos con la flor de la pasión por probar, aquel sabor. El agua apaga el fuego, y al ardor los años. Amor se llama el juego en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño. Y cada vez peor, y cada vez más rotos y cada vez más tu y cada vez más yo sin rastro de nosotros. Ni inocentes ni culpables.