Supongo que no. No tengo derecho a pedir ni un poquito de tu atención. Cada vez que te observo las suplicas estallan, rebotan, escalan mis ansias. Toda yo desearía que me miraras más profundo. Que me dedicaras todas tus canciones...compartir un silencio que sólo descifremos los dos. Supongo que no, no puedo pedirte eso. Sería más fácil decirte esto un martes a las diez, frente al cristal de un café. Podría levantarme de la silla antes de observar tu reacción. Me marcharía de allí. Iría a la farmacia y sin receta médica me llevaría a casa lo de siempre : tiempo para olvidar.